Antes de hablar de los posibles peligros que podría tener para nuestro país un eventual gobierno de carácter populista, debemos pensar primero si Chile conseguiría llegar, en estos momentos, a un régimen con esas características.
El populismo es una forma que utilizan los políticos para acercarse más a la gente, para lograr empatía y con esto, “ganarse el voto de la ciudadanía” como se dice popularmente. Y esto es más común de lo que pensamos; sólo basta ver las noticias, sobre todo ahora con la preparación de las próximas elecciones municipales o de los partidos políticos eligiendo y peleándose por sus presidenciables. Algunos pasean por las calles de las poblaciones, visitan las ferias, conversan, se sacan fotos y reparten saludos a medio mundo para que sientan que están con ellos.
La habilidad carismática, el tener un buen discurso y mostrar acciones que hagan ver a la gente que realmente se la están jugando por ellos, son destrezas que tienen que tener estos hombres. A partir de esto podemos mirar para el lado, me refiero a países como Bolivia y Venezuela, donde estos personajes marcan la pauta. Morales y Chávez.
Chile es un país democrático y no creo que esté preparado para pasar a ser uno de corte populista. No me imagino que en nuestro país a la Presidenta se le ocurra cerrar un canal de televisión, por ejemplo, o radios, o que se cierren industrias ante amenazas de los partidos opositores; en fin, que la libertad de expresión desaparezca por completo. Si en Venezuela fue un caos y hubo reclamos y protestas, aquí sería peor, porque la gente no está acostumbrada a eso.
Huelgas, protestas, marchas, organizaciones, entre otras, son las formas que tienen los chilenos de expresar lo que piensan y lo que sienten. De hecho, muchas de ellas son autorizadas antes de realizarse (auque igual después dejen “la escoba”). Entonces a través de estas acciones y el manejo que tiene el gobierno, no me puedo imaginar a nuestro país sin tener estas instancias de expresión. Los políticos podrán tener esta característica “populista”, porque al fin y al cabo pasa igual en todas partes, pero no creo que sea posible que seamos gobernados bajo ese tipo de administración.
Si vivimos tremendas protestas como la de los” pingüinos”, por ejemplo, donde ellos luchaban por sus ideales y estaban dispuestos a todo por lograr sus objetivos en una sociedad democrática, creo que sería un caos total que Chile llegara al populismo, porque esto se triplicaría si se hace en un país que tiene prohibido “rebelarse”.
Si nos vamos unos pocos días atrás, salió una encuesta en El Mercurio luego de un sondeo latinoamericano realizado en Chile, por el Instituto de Ciencia Política de la Universidad Católica, y justamente informa que el 59,9% de las personas prefiere la democracia, y como dato extra, un 13,6% opta por uno autoritario. Sin embargo, ante la pregunta de si creen que la democracia es la mejor forma de gobierno, la cifra disminuyó de 75,1% (2006) a 69,5% en 2008, y un 48,6% está satisfecho en cómo funciona en el país. Para algunos estas cifras podrán ser buenas, para otros malas, lo cierto es que es extraño que en países como Bolivia y Haití, lugares donde la legitimización ha sido un problema, tienen una mejor valoración en cuanto a este sistema. Pero, eso sí, para el futuro la gente no ve otra cosa más, que la democracia.
El populismo es una forma que utilizan los políticos para acercarse más a la gente, para lograr empatía y con esto, “ganarse el voto de la ciudadanía” como se dice popularmente. Y esto es más común de lo que pensamos; sólo basta ver las noticias, sobre todo ahora con la preparación de las próximas elecciones municipales o de los partidos políticos eligiendo y peleándose por sus presidenciables. Algunos pasean por las calles de las poblaciones, visitan las ferias, conversan, se sacan fotos y reparten saludos a medio mundo para que sientan que están con ellos.
La habilidad carismática, el tener un buen discurso y mostrar acciones que hagan ver a la gente que realmente se la están jugando por ellos, son destrezas que tienen que tener estos hombres. A partir de esto podemos mirar para el lado, me refiero a países como Bolivia y Venezuela, donde estos personajes marcan la pauta. Morales y Chávez.
Chile es un país democrático y no creo que esté preparado para pasar a ser uno de corte populista. No me imagino que en nuestro país a la Presidenta se le ocurra cerrar un canal de televisión, por ejemplo, o radios, o que se cierren industrias ante amenazas de los partidos opositores; en fin, que la libertad de expresión desaparezca por completo. Si en Venezuela fue un caos y hubo reclamos y protestas, aquí sería peor, porque la gente no está acostumbrada a eso.
Huelgas, protestas, marchas, organizaciones, entre otras, son las formas que tienen los chilenos de expresar lo que piensan y lo que sienten. De hecho, muchas de ellas son autorizadas antes de realizarse (auque igual después dejen “la escoba”). Entonces a través de estas acciones y el manejo que tiene el gobierno, no me puedo imaginar a nuestro país sin tener estas instancias de expresión. Los políticos podrán tener esta característica “populista”, porque al fin y al cabo pasa igual en todas partes, pero no creo que sea posible que seamos gobernados bajo ese tipo de administración.
Si vivimos tremendas protestas como la de los” pingüinos”, por ejemplo, donde ellos luchaban por sus ideales y estaban dispuestos a todo por lograr sus objetivos en una sociedad democrática, creo que sería un caos total que Chile llegara al populismo, porque esto se triplicaría si se hace en un país que tiene prohibido “rebelarse”.
Si nos vamos unos pocos días atrás, salió una encuesta en El Mercurio luego de un sondeo latinoamericano realizado en Chile, por el Instituto de Ciencia Política de la Universidad Católica, y justamente informa que el 59,9% de las personas prefiere la democracia, y como dato extra, un 13,6% opta por uno autoritario. Sin embargo, ante la pregunta de si creen que la democracia es la mejor forma de gobierno, la cifra disminuyó de 75,1% (2006) a 69,5% en 2008, y un 48,6% está satisfecho en cómo funciona en el país. Para algunos estas cifras podrán ser buenas, para otros malas, lo cierto es que es extraño que en países como Bolivia y Haití, lugares donde la legitimización ha sido un problema, tienen una mejor valoración en cuanto a este sistema. Pero, eso sí, para el futuro la gente no ve otra cosa más, que la democracia.